martes, 29 de marzo de 2011

Mi reino por un poco de sensatez

La presente remilga no es gratuita, está justificada por cientos de horas de bombardeo incesante acerca de la sobrevalorada inauguración de un estadio cuyos apelativos pseudo épicos han bordeado la frontera de lo ridículo y patético. Es difícil no sentirse abrumado por el excesivo intento forzado de familiaridad, camaradería y patriotismo que la campaña mediática ha querido meternos hasta por los ojos, utilizando esa, así llamada, "casa de todos" que en realidad no es casa de nadie, a lo sumo hogar tal vez de enredos diplomáticos, egos políticos hiper-inflados, despilfarro, contaminación ambiental y simbolo de la infaltable mentalidad "chiquitica".

No me malinterpreten. A veces me gusta nuestra mentalidad "chiquitica", me refiero a esa sensación de que todavía somos una villa, a esa cierta ingenuidad con la que a veces le hacemos frente a las cosas. Al pura vida honesto y con sonrisa de oreja a oreja incluida. A ver a ministros/as o diputados/as caminando despreocupadamente en medio de una multitud en un concierto en pleno centro de la ciudad.

Sin embargo, ya ven como una misma cosa puede causar tan distintas emociones. Con el ahora infame nuevo estadio nacional se ha hecho gala de lo peorcito de nuestra idiosincracia. Se ha puesto en evidencia los vicios de tercer mundo que nos aquejan, la lamentable falta de interés por cuestiones realmente importantes y, en contraste, la exagerada atención popular hacia las cosa más vanas y triviales. O ¿es que alguien le extrañaría que una vez pasados los actos inagurales del estadio nos sorprendan con que el funesto plan fiscal ya está listo para ser votado en el plenario de la asamblea legislativa?

Bueno, quizás exagero. Pero es que ya llevamos un mes siendo testigos de las más tristes aberraciones, una tras otra. Y es que todo este asunto lamentablemente ha generado mucha materia prima: que los chinos, que el mismo estadio, que Argentina, que Messi... Todavía falta Shakira y lamentablemente mis ojos ya descubrieron la primera razón para llorar.

La pena ajena ¿cuántas razones para sentirla hemos tenido en los últimos días? No me queda más que ofrecer mi reino, mi reino por un poco de sensatez.

2 comentarios:

Pentium III de 750 MHZ dijo...

Yo también juré que nos sampaban el plan fiscal.

Por el momento, nos olvidamos de el mundo actual, el que sigue y no se detiene. ¿Cuántos piensan en tsunamis, bombardeos u hospitales que se caen en pedazos? No mucho en estas semanas

José Morales dijo...

Triste pero cierto. Pan y circo, compañero. Pan y circo.