jueves 25 de noviembre de 2010

Crucitas: una vieja historia de clientelismo político

A pesar de la manera ingenua con que mucha gente sigue viendo a la clase política de este país, lo cierto es que en los últimos años el poder ha sido ostentado por una clase político-clientelista que ha gobernado para su propio beneficio a través del debilitamiento de las instituciones públicas, la elaboración de leyes y mecanismos legales permisivos y la constante flexibilización de los procedimientos de manera ilegal con el fin de favorecer a los interes inversionistas por encima de cualquier cosa, el medio ambiente incluido.

La sentencia que emitió ayer el Tribunal Contencioso Administrativo, anulando la concesión minera que se había otorgado en el 2008 a la empresa Industrias Infinito S.A dejó muy en claro y de manera valiente, cómo opera esta enrevesada maraña de jugarretas políticas en nuestro país. Quedó en evidencia durante el proceso que existió una "confabulación de voluntades" orquestada con el fin de sacar adelante el proyecto a toda costa. Esto por supuesto no debería extrañar a nadie, especialmente a quienes se preguntaban de dónde se habían sacado las autoridades el famoso decreto de interés nacional que se había firmado en relación al proyecto. “No solo carece de suficiente motivación respecto al balance de beneficios sociales y costos socioambientales, sino que esa omisión se evidencia en el expediente administrativo”, dijo el presidente del Tribunal, Eduardo González. Los jueces incluso recomiendan abrir una causa penal contra el intocable expresidente Oscar Arias; el exministro de Ambiente, Roberto Dobles, la exsecretaria de Setena, Sonia Espinosa, y cinco funcionarios más.

Este fallo, que ya ha sido catalogado como histórico en otras latitudes, abre una puerta que permite comenzar a recuperar la confianza en las instancias judiciales, las cuales, junto con la sociedad civil, usualmente están atadas de manos ante la infinidad de portillos legales y la maquinaria gigantesca de dólares con la cual se maneja el asunto de las concesiones en territorio tico.

El pueblo que ayer celebró en las calles, sin embargo, tiene aún mucho por qué luchar. Debe aún exigir que las concesiones sean un asunto transparente y legal, y no el turbio enredo en el que se ha convertido, por ejemplo, la apertura de la pista a Caldera por parte de Autopistas del Sol. O también debe reclamar que se ponga fin a la desfachatez con la que se han ignorado, por muchos años, las directivas que existen en nuestras leyes, como en el caso de la infame industria del aleteo de tiburones y el uso de muelles privados en el puerto de Puntarenas. Sí, debe hacerlo, porque Crucitas es el fin de una historia que apenas comienza.


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