martes, 29 de junio de 2010

Nosotros, los de principio de siglo

En medio de tanto frenesí tecnológico hemos terminado por adoptar el estilo de vida del futuro. Es difícil esquivar la avalancha de auto convencimiento cuando se sale a la calle y todo lo que se ve, se vende o se toca es algo "del futuro". El carro del futuro, la casa del futuro, la computadora del futuro, la cumbre del futuro. Cuesta creer apenas que han transcurrido tan solo 10 años del siglo que nos tocó inaugurar. Y sin embargo es la cruda realidad: somos los de principio de siglo.

En efecto, estamos viviendo los albores de una nueva centuria ¿Qué fuerte choque produce esta extraña alineación de términos? Para quienes atravesamos el cambio de un siglo a otro hace apenas unos años nos debe ser difícil eliminar la referencia a algo anticuado, conservador, viejo, cuando utilizamos las palabras "principio de siglo" ¿No imaginamos acaso siempre los vestidos largos de las señoras galantes, los sombreros de los caballeros, los automóviles que andaban aunque no existieran estaciones de gasolina? O incluso podríamos aventurarnos en un plano más político y social. ¿No nos sorprendemos de la mentalidad conservadora, del racismo evidente, de la falta de equidad de género que campeaba en la época? Sí, antiguo, todo antiguo. Pero ¿es que acaso se sentían así aquellas personas que armaban su vida cotidiana allá por el lejano año de 1910, hace exactamente 100 años?

Probablemente no. Me arriesgaré acá a especular un poco ante la falta de testimonios vivenciales. Digo no porque ¿acaso no se sentían en 1910 como parte del futuro también? ¿No existían también los inventos innovadores, las maravillas tecnológicas? ¿No es cierto que ya se gestaban las luchas feministas y las revoluciones? ¿No celebraban ya algunos países, antiguas colonias, el centenario de su independencia? Imagine a una persona de inicios del siglo pasado, abrumada por todos los cambios que experimenta la sociedad que conoce, y ahora comparela con usted mismo (a), en el año 2010, testigo del pasar vertiginoso del tiempo, abrumado por tantos ataques terroristas e injustificadas respuestas armadas, por los cambios en la manera de concebir la familia tradicional, por los avances tecnológicos que no le dejan estrenar una versión de lo que sea cuando la siguiente ya está en el mercado, o porque simplemente, si se lerdea, el futuro le va a dejar atrás.

¿Qué dirá la gente de finales de este siglo sobre nosotros? ¿Se sorprenderán al ver qué tan rudimentaria era nuestra tecnología? ¿Nos llamarán anticuados porque aún a estas alturas estabamos discutiendo si los homosexuales tenían o no derecho a unirse en lo civil? ¿Nos juzgarán por haber causado el deterioro del medio ambiente y no haber hecho nada al respecto? Bendita manía del ser humano: a veces es necesario poner las cosas en perspectiva para tener el panorama claro.

Espero que esté sentado mientras toma su taza del café del futuro, porque en mi perorata olvidé mencionar que nosotros, así sin quererlo y por azar del destino, somos también los de principio de milenio.

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