El escritor estadounidense John Steinbeck dijo alguna vez que por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública, puede medirse la cultura de un pueblo. El galardonado autor no podía estar más cerca de la verdad: No hay nada como el polvo para marcar el estado de abandono de las cosas. Si no se sacude a menudo, puede llegar a apoderarse por completo de un lugar hasta volverlo irreconocible.
Pero esto,
aunque lo parezca, no es un artículo sobre las ambiciones imperialistas del polvo. Esto es un artículo sobre la lectura. Y más específicamente, sobre la ultima iniciativa de JTW y del SINABI para estimularla: La banda sonora de una película que jamás vas a ver.
Sí, es cierto, para decir el nombre hay que tomar más de un suspiro y el sitio web quizá sea mejor mantenerlo entre los favoritos (no van a querer digitar todo aquello cada vez que lo visiten). Pero esto en realidad es uno de los grandes atractivos de una campaña que ciertamente es una de las mejores estructuradas de los últimos tiempos acá en el país, a nivel visual, conceptual y creativo.
¿Pero qué es? según la comunicación oficial "LBSDUPQJVV es un proyecto que se realiza para el SINABI (Sistema Nacional de Bibliotecas) y consiste en el desarrollo de un soundtrack inspirado en obras literarias de escritores costarricenses. Esta es la primera y quizás única vez en la que la gente podrá disfrutar de una Banda Sonora hecha e inspirada en literatura; a través de diferentes géneros, artistas, melodías e instrumentos este disco representa un viaje por las páginas de más de 15 obras literarias."
¿Y qué tiene que ver todo esto con la estimulación de la lectura? Pues bien, resulta que el disco con la banda sonora no se vende, si no que se entrega de forma totalmente gratuita a quienes se acerquen a alguna de las bibliotecas públicas de todo el país y saquen un libro.
Entusiasmado por la idea y atrapado desde el inicio por toda la campaña de expectativa que se generó, me acerqué hace un par de días a la Biblioteca Nacional. Allí una señora muy amable y condescendiente me indicó que para retirar el disco tenía que sacar un libro, pero eso sí "debía quedarme leyendo al menos un ratito". Por supuesto la señora no me conocía y por ende no conocía tampoco mis insaciables hábitos de lectura, pero lejos de señalarle la poca necesidad que había de promover en mí el placer de leer, decidí tomar unos minutos para sentarme en la biblioteca y repasar algunas páginas del libro "Limón Blues" de AnaCristina Rossi.
Bueno, esa era mi intención inicial al menos, porque sentado allí no pude evitar ponerme a reflexionar sobre cuán desaprovechados están esos espacios públicos. Miles y miles de libros, algunos incluso de gran riqueza histórica están ahí, esperando unas manos que los tomen y los lean. Y pensar que el único requisito es llenar una boleta y presentar la cédula.
El arte del disco es rico en cuanto a la experiencia visual, y con respecto al aspecto musical se debe decir que quedó a la altura, reuniendo a la crème de la crème de la escena nacional. Desde el día que lo recogí no he dejado de escuchar la banda sonora una y otra vez.
El gran acierto de este proyecto tiene que ver con la capacidad de hacer atractivo el hecho de leer un libro cualquiera, pero particularmente porque el enfoque parte desde la vasta y a menudo menospreciada literatura nacional, sumado a la magnífica conjugación con el arte plástico y el musical. Con estas armas debería bastar para ganarle la batalla al aguerrido polvo de las bibliotecas.
Pero esto,
aunque lo parezca, no es un artículo sobre las ambiciones imperialistas del polvo. Esto es un artículo sobre la lectura. Y más específicamente, sobre la ultima iniciativa de JTW y del SINABI para estimularla: La banda sonora de una película que jamás vas a ver.
Sí, es cierto, para decir el nombre hay que tomar más de un suspiro y el sitio web quizá sea mejor mantenerlo entre los favoritos (no van a querer digitar todo aquello cada vez que lo visiten). Pero esto en realidad es uno de los grandes atractivos de una campaña que ciertamente es una de las mejores estructuradas de los últimos tiempos acá en el país, a nivel visual, conceptual y creativo.
¿Pero qué es? según la comunicación oficial "LBSDUPQJVV es un proyecto que se realiza para el SINABI (Sistema Nacional de Bibliotecas) y consiste en el desarrollo de un soundtrack inspirado en obras literarias de escritores costarricenses. Esta es la primera y quizás única vez en la que la gente podrá disfrutar de una Banda Sonora hecha e inspirada en literatura; a través de diferentes géneros, artistas, melodías e instrumentos este disco representa un viaje por las páginas de más de 15 obras literarias."
¿Y qué tiene que ver todo esto con la estimulación de la lectura? Pues bien, resulta que el disco con la banda sonora no se vende, si no que se entrega de forma totalmente gratuita a quienes se acerquen a alguna de las bibliotecas públicas de todo el país y saquen un libro.
Entusiasmado por la idea y atrapado desde el inicio por toda la campaña de expectativa que se generó, me acerqué hace un par de días a la Biblioteca Nacional. Allí una señora muy amable y condescendiente me indicó que para retirar el disco tenía que sacar un libro, pero eso sí "debía quedarme leyendo al menos un ratito". Por supuesto la señora no me conocía y por ende no conocía tampoco mis insaciables hábitos de lectura, pero lejos de señalarle la poca necesidad que había de promover en mí el placer de leer, decidí tomar unos minutos para sentarme en la biblioteca y repasar algunas páginas del libro "Limón Blues" de AnaCristina Rossi.
Bueno, esa era mi intención inicial al menos, porque sentado allí no pude evitar ponerme a reflexionar sobre cuán desaprovechados están esos espacios públicos. Miles y miles de libros, algunos incluso de gran riqueza histórica están ahí, esperando unas manos que los tomen y los lean. Y pensar que el único requisito es llenar una boleta y presentar la cédula.
El arte del disco es rico en cuanto a la experiencia visual, y con respecto al aspecto musical se debe decir que quedó a la altura, reuniendo a la crème de la crème de la escena nacional. Desde el día que lo recogí no he dejado de escuchar la banda sonora una y otra vez.
El gran acierto de este proyecto tiene que ver con la capacidad de hacer atractivo el hecho de leer un libro cualquiera, pero particularmente porque el enfoque parte desde la vasta y a menudo menospreciada literatura nacional, sumado a la magnífica conjugación con el arte plástico y el musical. Con estas armas debería bastar para ganarle la batalla al aguerrido polvo de las bibliotecas.
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