sábado, 19 de septiembre de 2009

Los bosques de Nix: Porque la guerra sigue siendo el negocio de unos pocos

Con gran expectativa asistí el pasado viernes 18 al estreno de "Los bosques de Nix", una obra del dramaturgo español Javier Tomeo. Acá en nuestro país el colectivo La Tijera se encargó de llevar el texto a las tablas, bajo la dirección de Luis Carlos Vázquez.

En el texto original, un mensajero de la época actual viaja en el tiempo para convencer a varias mujeres, pertenecientes todas ellas a la mitología griega, de que le acompañen para ayudarle a detener la gran guerra que acontece en nuestra era.

Obviando la lamentable omisión de artilugios escenográficos (quién sabe si por falta de presupuesto), la propuesta de Luis Carlos Vázquez resultó ser una agradable conjunción visual y plástica. Además, hace gala de una magnífica dirección escénica y artística, a la cual ayuda en gran medida la acertada escogencia del vestuario y los colores que las intérpretes llevan sobre sí. La luz y la música cumplieron en meter a los espectadores dentro del universo de sentimientos que se pretendían transmitir sobre el escenario.

He aquí un gran acierto, pienso yo, de esta puesta en escena. El bellísimo texto de Tomeo necesita encontrar esa expresividad para poder cumplir su cometido, esto es, llevar a todas las personas el claro mensaje antibélico que esboza. Esto se logra con creces, ayudado también por unas actuaciones sobresalientes y profundas de la mayoría de actrices en el elenco.

Es claro también el caracter reinvindicativo en el texto de Tomeo, que encuentra eco en el montaje de Vázquez: "Las mujeres solas, somos algo, los hombres solos no son nada" dice Lisístrata, mientras las demás mujeres, en coro, le acompañan en la palabra "nada". Quizá por eso el ruego de la reina Hécuba sea tan enfático, cuando les pide a sus congéneres que dejen de hundirse en viejas intrigas de la una hacia la otra, o como podríamos decir también, en chismes de alta alcurnia real de la antigua Grecia. Su papel es otro ahora, su papel es importante: deben unirse para detener una guerra que al fin y al cabo no trae más que dolor.

El dolor: quizá una de las pocas palabras, junto a sangre y muerte, que no podría dejar de relacionarse con los conflictos bélicos. Cabe preguntarse si después de tantos años de progreso, la humanidad ha llegado a toparse con su propio muro de involución. Al fin y al cabo, y como dice Penélope, las guerras siempre son el negocio de unos pocos.

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